… y siguen rompiendo moldes

Ayer arrancó la edición 2017 de uno de los festivales más potentes a nivel europeo. El Bilbao BBK Live muestra gran músculo año a año. Es de los pocos festivales con cierta trayectoria que aguanta el tirón como si nada. Cada año aumenta números en todos los frentes. Más escenarios, más actuaciones, más propuestas alternativas… Y no para de crecer. El cartel de este año es de los más atractivos de los últimos años. No han agotado entradas como en las dos anteriores ediciones, pero, a falta de cifras oficiales, han andado cerca. Ayer las campas de Kobeta estaban a rebosar en un arranque de lujo, con unos cabeza de cartel que son toda una garantía. Es la tercera vez consecutiva que los reyes de la música electrónica eligen el festival bilbaino para presentar su último lanzamiento. Lo hicieron con Sounds of the Universe, con Delta Machine y ahora, con Spirit, lanzado hace unos meses y que ha cosechado grandes críticas, calificado como uno de los mejores trabajos de su última época. Estamos hablando de Dave Gahan y compañía, los Depeche Mode.

Los de Basildon llevan mil años en la carretera. Lo han vivido todo. Comienzo interesante con trayectoria ascendente, tocar el éxito de masas con tres discos de auténtico lujo a finales de los 80 y principios de los 90, vivir graves crisis de todo tipo, sufrir el abandono de una pieza fundamental… hasta que en 2001 viven una gira que los reconforta con ellos mismos y con su público, y se convierten en una formación perfectamente engrasada, como lo son los Rolling Stones o los irlandeses U2. Desde Touring The Angel, Depeche Mode repite el guión sin saltarse una coma, sin pestañear. Graban disco con mayor o menor fortuna, y sin siquiera presentarlo, anuncian gira mundial con un puñado de fechas iniciales. A ver qué pasa. Y lo que pasa es que agotan taquillaje sin mover un músculo. Y la gira se convierte en un extenso viaje que los lleva por medio mundo durante todo un año.

La gira que pasó ayer por el escenario Bilbao del BBK Live se llama Global Spirit Tour y sigue el guión a la perfección. En octubre pasado presentaron el nuevo disco y las fechas iniciales de una gira que pasaría por el festi de Bilbao, en fecha exclusiva que ya no es tal, ya que la banda actuará antes de fin de año en Barcelona y Madrid. Poco les importa a ellos que la promotora bilbaina les pueda pedir una compensación por ruptura de la exclusividad, cuando su gira está siendo la más productiva en beneficios del año. Su concierto “espiritual” tiene los ingredientes que desde principios de los dos miles cocinan en su diseño. Misma formación sobre el escenario, con Peter Gordeno y Christian Eigner como músicos de apoyo, el famoso Anton Corbijn como responsable del diseño del escenario y las filmaciones, mismo técnico de luces… ¿Para qué arriesgarse si la fórmula funciona? Pero la pregunta es ¿realmente funciona o Depeche Mode van camino de convertirse en los Rolling Stones de la música electrónica? Sin descartar lo segundo, Gahan, Gore y los suyos son capaces, a estas alturas, de seguir rompiendo esquemas, de seguir sorprendiendo a sus seguidores, que no por ser incondicionales, son capaces de tragarse cualquier cosa.

El escenario y visuales han sido diseñados por el holandés Anton Corbijn, que trabaja con la banda en estos menesteres desde la mastodóntica Devotional Tour, allá por 1993. Desde aquello ha llovido mucho y el fotógrafo y director de cine ha simplificado mucho sus trabajos hasta reducirlos a la mínima expresión. Con un diseño minimalista que recuerda, y mucho, a la proyectada en 2001 para Exciter Tour y que se puede disfrutar en el fantástico DVD One Night in Paris, el escenario cuenta con juegos de luces en dos alturas y una gran pantalla al fondo que, en esta ocasión, no estaba dividida.

Fotografía cortesía de Tom Hagen.

Ya un buen rato antes del concierto el público que se agolpaba en las primeras filas disfrutaba del ya clásico set que Martin Gore prepara para cada gira. De forma aparentemente perfecta enlazaron los beats endiablados del final del DJ-set con el clásico Revolution de The Beatles. Toda una declaración de intenciones. Depeche Mode se han puesto de lo más reivindicativo en su trabajo Spirit, del cual enseñaron ayer solo la patita. Donde sus miembros se quedan a gusto es en entrevistas que conceden a los medios, donde critican los últimos movimientos de Trump o donde ponen a parir el Brexit. Y tras dejar que otros revolucionen el cotarro, una remezcla de Cover Me calienta motores para arrancarse con Going Backwards, tema que abre, también, su último disco. Esto nos suena, y mucho. En su anterior Delta Machine Tour abrían igualito. Incluso Gahan tiene dejes muy similares. En este momento nos preguntábamos si íbamos a vivir un calco de su anterior visita al mismo escenario de la capital vizcaina. Pero nada más lejos de la realidad. Depeche Mode exprime su set-list de cara a los festivales, descartando lo superfluo y quedándose con lo mollar. Vamos, lo que mola. Así, dejaron de lado So Much Love para atacar a la yugular con una versión impresionante de Barrel of a Gun. Y fue en ese momento cuando nos dimos cuenta que el concierto iba a ser fantástico, apasionante. A falta de Alan Wilder, Gore y el productor del sonido de la gira lo preparan con mimo. Cada canción es cuidada, reformulada, hasta dar con la clave. Todos los temas tienen algo nuevo. En algunos es un matiz, en otros toda una nueva intro u outro. Y sobre todo un sonido que te hace vibrar. Desde el concierto de Tour of the Universe en París no escuchaba nada igual. El volumen es estratosférico y limpio, y esa condenada batería que machaca Eigner con fuerza titánica parece que te va a a lanzar por los aires. El tema que abre Ultra, disco que supuso el regreso de la banda desde las tinieblas, incluye un extracto del tema The Message de los Grandmastes Flash, un clásico del Rap de principios de los 80.

Con el público totalmente atónito ante tal derroche, rescataron la versión de A Pain That I’m Used To que sonó en la etapa final de su anterior gira mundial. Con Peter Gordeno al bajo, Dave Gahan ya mostró a las claras porqué es una especie de mesías sobre el escenario. Esta vez no hubo torso desnudo. Ni falta que le hace. A su lado se ve a un Martin Gore más disfrutón que nunca. De su anterior Delta Machine sonó únicamente Corrupt, tema que le sienta como un guante a la actual gira. El público se volvió loco con In Your Room, apoyada visualmente por un fantástico vídeo de Corbijn. Todo lo que salga del rockero Songs of Faith and Devotion es agradecido por los seguidores de la banda. Y esa no sería la única ocasión en que sonaría. La convertida en una especie de ritual World in My Eyes haría saltar los plomos de los asistentes. Regresaron por segunda vez al presente más reciente (únicamente lo harían una vez más) con una versión muy lograda de Cover Me, apoyada por un visual en blanco y negro, marca de la casa Corbijn, y ese final, tan hipnótico como estupendo.

Y llegó uno de esos momentos que todo fan seguidor de la banda protagonista de la noche está esperando. Cuando Martin Gore, compositor principal y cantante en la sombra, interpreta temas en el que él lleva la voz cantante. En la noche festivalera de ayer cantó un corte, cuando normalmente ofrece un doblete. Poco importó porque la escogida fue Somebody, una canción compuesta para llegar a lo más profundo con lo mínimo, un piano y la voz, y que se hizo imprescindible en el cancionero de los de Basildon tras el doble LP 101. Con Gahan de nuevo sobre el escenario dispararon el primer single de Spirit. En Where’s the Revolution Gahan nos pregunta sobre dónde se encuentra la revolución, que le estamos decepcionando. Un tema para despertar conciencias y poco más. Caerá en el olvido en cuanto el grupo cierre su gira en 2018, probablemente en Sudamérica. Regresamos al punto álgido de 101 con una versión actualizada con acierto de Everything Counts y que el público coreó al final como si no hubiera nada más después. Y aún quedaría mucho por cantar.

Si Everything Counts es del 83, la que ofrecerían después no le queda lejos. Del 86 es Stripped, una sinuosa y renovada canción que sonó de mil demonios. Para esos instantes ya nos habíamos acostumbrado a la potencia del sonido. Y así, de buenas a primeras, dos clasicazos, con puntos en común, sonaron del tirón para cerrar el set principal. Primero la archiconocida Enjoy the Silence, que no hay hijo de vecino que no la conozca. Con ese riff limpio y cristalino, y esos ritmos bailables, magia del que fuera productor en la sombra durante tantos años, Alan Wilder, y responsable, también, de ese final endemoniadamente bueno. No sería el único, porque a continuación sonó una versión limpia como antaño de Never Let Me Down. Ya el sonido inicial de guitarra nos dio una pista que ese tema que han trillado hasta la extenuación y utilizado como final de concierto en numerosas giras, iba a sonar muy parecido a las versiones originales, ofrecidas a principios de los 90. Eso sí, hubo, nuevamente, brazos en alto y en movimiento de absolutamente todo el público.

El tramo final fue de vértigo, aunque se echara en falta la versión que están ofreciendo del Heroes de David Bowie. Home, probablemente el último gran tema compuesto por Martin Gore para él mismo, sonó en el regreso de la banda al escenario. Impoluta, sin modificaciones, sonó como en el original. Walking in My Shoes es ese tema grandioso que, por un motivo u otro lo ponen al comienzo del set, cuando tiene la suficiente entidad para estar al final. Y por fin, en este Global Spirit Tour así lo han hecho y suena como el hit que es. Y lo hace con cambios muy logrados, que lo mueven a un terreno más electrónico. El final, como en el set principal, lo conforman dos temas que rompieron esquemas en su lanzamiento. I Feel You supuso el viaje probablemente más rupturista de una banda que con Songs of Faith and Devotion quiso juguetear con ritmos rockeros. Su primer single de aquel exitoso trabajo fue exponente de esas intenciones. Ayer sonó con unos instrumentos exageradamente altos que, extrañamente, tapaban por completo la voz de Dave Gahan. Con la llegada de los 90, el grupo quiso dar un giro a su estilo y lo hizo con Personal Jesus, un tema donde se mezcla de forma muy acertada ritmos electrónicos con el uso de guitarras, y que, en directo, lo explotan hasta límites insospechados con, otra vez, una versión extendida que invita al público al éxtasis y  que se desgañita con aquello de “reach out and touch faith”.

No hubo tiempo para más. Casi dos horas de show, nuevamente absoluto, que convencieron y vencieron en las campas de Kobeta, en el festival Bilbao BBK Live. Y ya van tres. Depeche Mode se ha convertido en una maquinaria perfectamente engrasada de hacer dinero. Y sí, como hemos dicho al principio, repiten guión desde hace más de diez años. Pero lo saben hacer. Lo hacen muy bien. Y cada vez que los vemos, nos sorprenden. Después de más de 35 años de carrera… siguen rompiendo moldes.

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